Tango y Ley: Historia de Censura y Rescate

13/03/2015

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El tango, esa expresión cultural que hoy abrazamos como símbolo nacional argentino, tuvo una relación compleja y a menudo conflictiva con el mundo de las leyes y las instituciones a lo largo de su historia. Lejos de ser siempre celebrado, enfrentó períodos de censura, proscripción y olvido antes de ser finalmente reivindicado.

Podemos distinguir claramente tres etapas en esta particular relación. Una primera fase donde el género es mayormente ignorado, salvo por la censura aplicada al baile en ciertos espacios públicos. Luego, una larga y oscura etapa de fuerte intervención estatal y control de contenidos, especialmente de sus letras. Finalmente, un período más reciente de reconocimiento y promoción activa por parte del Estado.

Primera Etapa: El Baile Prohibido, el Género Olvidado (1880-1930)

En sus comienzos, el tango estuvo asociado a los sectores marginales de la sociedad, el bajo fondo y los prostíbulos. Esta vinculación hizo que cualquier reunión pública donde se bailara tango, como las llamadas “Academias de baile” o locales como El Tambito y El Hansen, estuviera bajo sospecha y a menudo involucrada en disturbios.

Aunque no existía una política oficial específica contra el género musical en sí, el baile sí sufrió limitaciones. Un edicto de la Policía Federal de noviembre de 1881, por ejemplo, regulaba estrictamente los bailes públicos, permitiéndolos solo los domingos en un horario reducido y prohibiendo la venta de alcohol. La seguridad interna quedaba en manos de los organizadores, mientras la policía controlaba el exterior. Esta reglamentación, confirmada en 1896, significaba que locales que ofrecían tango corrían riesgo de multas o clausuras.

La controversia del tango trascendió las fronteras. A comienzos del siglo XX, con su difusión internacional, el baile escandalizó a las cortes europeas. En 1914, el emperador Guillermo II de Alemania prohibió a los oficiales prusianos bailar tango con uniforme. El órgano oficial del Vaticano, L’Osservatore Romano, apoyó la medida, calificando al tango de sensual y vinculado a la “baja sensualidad de los negros y de los mestizos”, y considerándolo un baile donde la decencia estaba “en pleno naufragio”. Estas reacciones, aunque venían de Europa, reflejaban y reforzaban las visiones conservadoras que también existían en Argentina respecto al tango.

Segunda Etapa: La Institucionalización de la Censura (1930-1983)

La verdadera persecución y el control sobre el contenido del tango se intensificaron a partir del golpe de Estado de 1930. Esta etapa estuvo marcada por una búsqueda de control de la naciente industria cultural y, particularmente, de las letras de las canciones populares.

La Proscripción del Lunfardo

Uno de los principales blancos de la censura fue el lunfardo, la jerga popular que se había desarrollado en las zonas marginales de Buenos Aires, influenciada por las corrientes inmigratorias (italiano, caló, francés, etc.). Visto inicialmente por funcionarios policiales como “lengua de delincuentes”, el lunfardo se convirtió en un punto de ataque para los puristas del lenguaje y los nacionalistas, quienes lo consideraban una “bastardización” del idioma español y un signo de la “babelización” cultural que temían. Figuras como Miguel Cané expresaron su deseo de que el lunfardo desapareciera con la educación obligatoria.

La crisis del 29 y el ascenso de ideologías de extrema derecha a nivel mundial influyeron en Argentina, fortaleciendo las tendencias nacionalistas y conservadoras tras el golpe de 1930. El control de los medios de comunicación, incluida la radio, se volvió fundamental para el gobierno de facto.

Reglamentaciones y Decretos Clave

El tango, especialmente con letras en lunfardo, quedó bajo la mira. En 1931, durante la presidencia de facto de Uriburu, se ordenó cambiar el título del tango “La casita de mis viejos” por “La casita de mis padres”. Este fue solo el inicio.

El Decreto 21.044 de 1933, Reglamento de Radiocomunicaciones, estableció que las transmisiones debían ofrecer “manifestaciones altamente artísticas y culturales”. Las “Instrucciones para las Estaciones de Radiodifusión” de 1935 especificaron que esto implicaba proscribir “modismos que bastardeen el idioma” y “la comicidad de bajo tono”. Esto llevó a que las emisoras comenzaran a censurar canciones de forma irregular.

En 1938, el Decreto 7695 creó una comisión para reorganizar la radiodifusión, lo que incrementó la aversión oficial contra el lenguaje popular. Aunque agrupaciones como SADAIC defendieron el cancionero popular, paradójicamente, también pedían ser reconocidas como la autoridad reguladora para revisar lo que se cantaba en radio, lo que demuestra la compleja dinámica de la época.

Tras el golpe militar de 1943, la Resolución 6325 reforzó las normas, prohibiendo “rellenos o números de cualquier índole en que se desfigure sistematizadamente el idioma nacional, so pretexto de retratar ambientes campesinos y de arrabal”, así como números cómicos de “baja comicidad”. El lunfardo volvió a ser el foco.

Circulares explícitas listaron palabras a modificar o proscribir. Letristas y compositores se vieron obligados a cambiar versos y títulos. Canciones como “Sobre el pucho” (por incluir la palabra “pucho”, de origen quechua pero asociada al bajo fondo) pasaron a llamarse “Un callejón en Pompeya”, “Chiqué” se convirtió en “El elegante”, “Yira yira” en “Camina, camina”. Incluso tangos exitosos como “Tal vez será mi alcohol” debieron cambiar su título a “Tal vez será mi voz”.

Figuras Detrás de la Censura

Detrás de estas medidas estuvieron figuras influyentes como el escritor Gustavo Martínez Zuviría (Hugo Wast) y monseñor Gustavo Franceschi. Martínez Zuviría, como ministro de Educación en 1943, creó una comisión presidida por Franceschi para salvaguardar la pureza del idioma. Esta comisión arremetió contra el tango, prohibiendo el voceo, términos lunfardos y referencias al alcohol o las drogas.

El tango “Los mareados”, de gran éxito, también fue víctima. Enrique Cadícamo, su letrista, se vio forzado a escribir una nueva letra con el título “En mi pasado”. La anécdota de Cadícamo rompiendo la letra adaptada frente al censor ilustra la tensión y el rechazo de los artistas a estas imposiciones.

El Caso Paradigmático de “Mano a mano”

Quizás el ejemplo más citado de esta censura sea el tango “Mano a mano” de Celedonio Flores, uno de sus tangos más famosos. Su letra original de 1923 contenía numerosas palabras en lunfardo (“rechiflao”, “paria”, “bacana”, “percanta”, “gambeteabas”, “morlacos”, “otario”, “cafishios”, etc.).

Ante el “silencio oficial” (la prohibición de difusión por radio), la editorial Pirovano pidió a Flores que reescribiera la letra para que pudiera circular. Flores accedió y creó una versión con un lenguaje más “refinado” que fue aprobada por el Comité de Radiocomunicaciones en 1943. La comparación entre ambas versiones es reveladora:

Versión Original (1923)Versión Adaptada (1943)
Rechiflao en mi tristeza, te evoco y veo que has sido
de mi pobre vida paria solo una buena mujer.
Tu presencia de bacana puso calor en mi nido,
fuiste buena, consecuente, y yo sé que me has querido
como no quisiste a nadie, como no podrás querer.
Te recuerdo en mi tristeza y al final veo que has sido
en mi existencia azarosa, más que una buena mujer
Puso tu hermosa figura calor de hogar en mi nido
Fuiste noble, consecuente y yo sé que me has querido
como no quisiste a nadie, como no podrás querer.
Se dio el juego de remanye cuando vos, pobre percanta,
gambeteabas la pobreza en la casa de pensión:
hoy sos toda una bacana, la vida te ríe y canta,
los morlacos del otario los tirás a la marchanta
como juega el gato maula con el mísero ratón.
Se cruzaron nuestras vidas, tu bondad y mi bohemia,
mi romántica bohemia veinteañera y pertinaz
Y pusiste la dulzura de tu amor que todo premia
en mi vida que llevaba mi rebelde neurastenia
de quien vive de sus sueños, de sus sueños nada más.
Hoy tenés el mate lleno de infelices ilusiones.
Te engrupieron los otarios, las amigas, el gavión.
La milonga entre magnates con sus locas tentaciones
donde triunfan y claudican milongueras pretensiones
se te ha entrado muy adentro en el pobre corazón.
Yo te di lo que tenía… si el amor tuviera precio
Poseíste una fortuna de cariño y de bondad
El cariño de mi madre, el respeto y el aprecio
de esos hombres del pasado de temperamento recio
que sabían del concepto del amor y la amistad
Mientras tanto, que tus triunfos, pobres triunfos pasajeros,
sean una larga fila de riquezas y placer;
que el bacán que te acamala tenga pesos duraderos,
que te abrás en las paradas con cafishios milongueros,
y que digan los muchachos: ‘es una buena mujer’”.
Yo no tuve más que darte, todo puse a tus antojos
todo menos el respeto de mi propia dignidad
No quería que asomara una lágrima en tus ojos
y evitaba con mis actos el menor de tus enojos
porque sé donde comienza y termina la lealtad.
Nada debo agradecerte, mano a mano hemos quedado,
no me importa lo que has hecho, lo que hacés ni lo que harás;
los favores recibidos creo habértelos pagado
y si alguna deuda chica sin querer se había olvidado
en la cuenta del otario que tenés se la cargás.
Nada habrás de agradecerme, mano a mano hemos quedado
No me importa lo que has hecho, lo que hacés ni lo que harás
Los favores recibidos creo habértelos pagado
y si alguna deuda chica sin querer se me ha olvidado
te suplico que la olvides, que la olvides nada más.
Y mañana cuando seas descolado mueble viejo
y no tengas esperanzas en el pobre corazón,
si precisás una ayuda, si te hace falta un consejo
acordate de este amigo que ha de jugarse el pellejo
p’ayudarte en lo que pueda cuando llegue la ocasión.
Y mañana si recuerdas el amor del tiempo viejo
y ya muerta la esperanza te flaquea el corazón
Si precisás una ayuda, si te hace falta un consejo
olvidando lo pasado y aunque esté ya solo y lejos
me tendrás siempre a tu lado, cuando llegue la ocasión.

La versión adaptada, despojada de su esencia lunfarda y su cruda poesía callejera, tuvo muy poca repercusión. La censura afectó profundamente a los artistas y al propio género.

Apertura y Nuevas Restricciones

Hubo períodos de respiro parcial. En 1948, Enrique Santos Discépolo escribió “Cafetín de Buenos Aires”, inicialmente vetado por la Secretaría de Prensa y Difusión por la frase “y me entregué sin luchar”, considerada pesimista. Sin embargo, una reunión entre directivos de SADAIC (incluyendo Canaro, Manzi, Mores y Discépolo) y Perón en 1949 marcó el inicio de un levantamiento gradual de la censura. La Ley de Radiodifusión de 1953 ya no proscribía el lenguaje popular.

A pesar de ello, los golpes de Estado posteriores trajeron nuevas olas de restricción. En 1962, Edmundo Rivero sufrió censura por el tango “Bronca”. Durante la dictadura de Onganía (1968), la censura se extendió a otros géneros. La última dictadura militar (1976-1983) utilizó listas de músicos prohibidos, a menudo sin membrete oficial, que generaron confusiones. El Decreto Ley 21.329 de 1976 eliminó los feriados de carnaval, afectando indirectamente a la murga, el candombe y la milonga, géneros vinculados al tango y a la denuncia social.

Tercera Etapa: La Reivindicación Tardía (1983-Presente)

Hacia mediados de la década de 1970, el tango parecía en declive, afectado por la censura, la aparición de nuevos géneros y la falta de renovación. Sin embargo, la lucha por su reconocimiento continuó. En 1977, se logró establecer el Día Nacional del Tango (11 de diciembre).

El verdadero resurgir llegó con el retorno de la democracia en 1983 y una creciente demanda internacional. A partir de entonces, el Estado tuvo un papel activo en la reivindicación y promoción del género. Leyes y decretos buscaron proteger y fomentar el tango.

Entre las normativas clave de este período se destacan:

  • El Decreto 1235/1990, que incorporó a la recién creada Academia Nacional del Tango al régimen de academias nacionales establecido en 1955, reconociéndola como un órgano fundamental para la cultura del país.
  • La Ley 23.980, que, aunque quizás no tuvo el resultado práctico esperado en la creación de un Instituto Nacional del Tango plenamente operativo, sentó un precedente importante para la acción estatal.
  • La Ley 24.684, también conocida simplemente como “Ley Tango”.

En las últimas décadas, se han multiplicado las iniciativas legales (edictos, leyes, resoluciones) a nivel nacional, provincial y municipal para proteger y difundir el tango, a menudo con un carácter más específico y regional. La organización de campeonatos, festivales y torneos anuales, especialmente en Buenos Aires, se ha convertido en una práctica habitual que celebra y mantiene vivo el género.

Preguntas Frecuentes sobre la Censura del Tango

¿El tango fue prohibido por completo en Argentina?

No, el tango nunca fue prohibido en su totalidad. La censura se centró principalmente en la difusión pública de su baile en sus inicios (por considerarse indecente o asociado a disturbios) y, de manera mucho más intensa y prolongada, en las letras de las canciones, especialmente aquellas que utilizaban lunfardo o contenían referencias consideradas inmorales o pesimistas por los gobiernos de turno, particularmente entre 1930 y 1983.

¿Por qué se censuraban las letras de tango?

Las letras eran censuradas por varias razones, a menudo superpuestas: el uso del lunfardo (visto como lenguaje de delincuentes y una “bastardización” del español), referencias a temas considerados inmorales (alcohol, drogas, sexo, vida en el bajo fondo), expresiones de pesimismo o crítica social, y en algunos casos, por motivaciones políticas directas contra los artistas.

¿Quiénes impulsaron la censura del tango?

La censura fue impulsada por gobiernos (especialmente los de facto y conservadores entre 1930 y 1983), funcionarios de organismos de radiodifusión, y figuras influyentes de sectores nacionalistas, conservadores y religiosos que buscaban preservar la “pureza” del idioma y la moral pública. Figuras como Gustavo Martínez Zuviría y monseñor Gustavo Franceschi tuvieron un rol destacado en la década de 1940.

¿Cuándo terminó la censura del tango?

La censura más institucionalizada y explícita sobre las letras de tango comenzó a disminuir gradualmente a partir de finales de la década de 1940 y principios de la de 1950, aunque reapareció en distintos grados durante los períodos de gobierno militar posteriores. Con el retorno de la democracia en 1983, la política estatal cambió radicalmente hacia el reconocimiento y la promoción del género, aunque algunas prácticas de censura (como las listas de músicos prohibidos) persistieron de forma menos oficial durante la última dictadura militar.

¿El Estado argentino apoya el tango actualmente?

Sí, desde el retorno de la democracia en 1983, el Estado argentino, a través de diversas leyes, decretos e instituciones (como la Academia Nacional del Tango), ha adoptado un rol activo en la reivindicación, protección y promoción del tango como patrimonio cultural nacional e incluso de la humanidad (reconocido por UNESCO). Las regulaciones actuales buscan fomentar su desarrollo y difusión.

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