06/03/2005
La figura de Benito Juárez García es una de las más trascendentales en la historia de México. Conocido como el Benemérito de las Américas, su vida fue un constante peregrinar de luchas, reformas y defensa de la soberanía nacional. Desde sus humildes orígenes en Oaxaca hasta ocupar la más alta magistratura del país en momentos de gran turbulencia, Juárez forjó un legado imborrable. A menudo, surge la pregunta sobre el final de su extraordinaria existencia: ¿cuándo y cómo ocurrió la muerte de don Benito? Para comprender plenamente ese momento, es esencial recorrer los pasos que lo llevaron hasta allí.

Don Benito Juárez nació en San Pablo Guelatao, un pequeño poblado en el estado de Oaxaca. Sus padres eran indígenas zapotecas, y sus primeros años estuvieron marcados por la sencillez de la vida rural. A los trece años, tomó la decisión de trasladarse a la ciudad de Oaxaca, un paso significativo considerando que en ese momento aún no dominaba el idioma castellano. Este inicio humilde contrasta fuertemente con la prominencia que alcanzaría más tarde.
En Oaxaca, Juárez encontró el apoyo providencial de personas que reconocieron su potencial. Don Antonio Salanueva, quien se dedicaba a la encuadernación y pertenecía a la Orden Franciscana, se convirtió en un protector fundamental. Bajo su tutela y la del maestro Domingo González, Juárez aprendió a leer, abriendo así las puertas al conocimiento y a una vida diferente. Su educación formal comenzó en el Seminario de la Santa Cruz, donde cursó estudios preparatorios, incluyendo latinidad y filosofía. Completó su bachillerato en 1827. Su sed de conocimiento lo llevó al Instituto de Ciencias y Artes al año siguiente, a pesar de no contar con la aprobación inicial de su protector. Fue en este instituto donde culminó su formación académica, graduándose de abogado en 1834. Este logro no fue menor, ya que tuvo el honor de ser el primer profesionista en obtener un título de dicha institución, un hito que marcó su temprana trayectoria.
La carrera política de Benito Juárez comenzó a gestarse poco después de finalizar sus estudios. En 1831, ya ocupaba un cargo público como regidor del Ayuntamiento de Oaxaca. Su ascenso continuó, y en 1833, fue electo diputado local, participando activamente en la vida política de su estado natal. En 1841, asumió el rol de juez de lo civil, demostrando su compromiso con la administración de justicia. Un momento crucial en su trayectoria federal se presentó tras el derrocamiento del General Paredes Arrillaga de la Presidencia; Juárez fue electo diputado federal, llevando la representación de Oaxaca al ámbito nacional.
Su regreso a Oaxaca lo encontró asumiendo la gubernatura por un breve periodo, tras la renuncia de José Simeón Arteaga. Al concluir este mandato en agosto de 1848, Juárez decidió postularse para el siguiente periodo de gobierno y resultó electo. Su gestión como gobernador fue notable y se caracterizó por un enfoque en el equilibrio económico y la ejecución de importantes obras públicas. Impulsó la construcción y mejora de caminos, supervisó la reconstrucción del Palacio de Gobierno de Oaxaca, fundó escuelas normales para la formación de maestros y ordenó el levantamiento de una carta geográfica y un plano de la ciudad de Oaxaca. Además, reorganizó la Guardia Nacional y, un logro significativo, dejó el tesoro público con superávit al finalizar su mandato en 1852. Su administración en Oaxaca sentó las bases de su reputación como un gobernante capaz y honesto.
El retorno de Antonio López de Santa Anna al poder en el centro del país trajo consigo una ola de represión contra los liberales, y Benito Juárez no fue la excepción. Fue desterrado, primero a Jalapa y posteriormente a La Habana, Cuba, no sin antes sufrir una breve prisión en la fortaleza de San Juan de Ulúa, en Veracruz. Desde La Habana, las circunstancias lo llevaron a ser deportado a Nueva Orleans, Estados Unidos, donde desembarcó en octubre de 1853. Este exilio forzado fue un periodo de reflexión y contacto con otras figuras liberales.
La caída de Santa Anna y el ascenso de Juan Álvarez y posteriormente Ignacio Comonfort a la Presidencia de México significaron el retorno de Juárez a la escena política nacional. En octubre de 1855, fue nombrado ministro de justicia. Fue durante este breve pero influyente periodo (octubre-diciembre de 1855) que se gestó una de las reformas más significativas de la época: la ley sobre administración de justicia, conocida popularmente como la Ley Juárez. Esta ley, expedida en noviembre de 1855, tuvo un impacto profundo al abolir los fueros militares y eclesiásticos, estableciendo la igualdad ante la ley para todos los ciudadanos, un principio fundamental del liberalismo.
Tras su paso por el ministerio, Juárez fue nombrado nuevamente gobernador de Oaxaca, cargo que asumió el 10 de enero de 1856. Convocó a elecciones y fue designado para continuar al frente del gobierno estatal. La promulgación de la Constitución Federal de 1857, de corte liberal, fue un momento clave, y Juárez, como gobernador, la promulgó en Oaxaca.
Sin embargo, la tensión política en el país escaló rápidamente. El 17 de diciembre de 1857, se proclamó el Plan de Tacubaya, un movimiento conservador que buscaba derogar la Constitución de 1857. Ignacio Comonfort, entonces Presidente, inicialmente pareció apoyar el plan, lo que generó un quiebre con los liberales. Juárez, fiel a los principios constitucionales, no se solidarizó con la nueva política de Comonfort y, como consecuencia, fue aprehendido. Afortunadamente, fue liberado en enero de 1858 y logró salir de la capital, iniciando un periplo que lo llevaría a convertirse en el Presidente legítimo del bando liberal durante la Guerra de Reforma.
Desde diversos puntos del país, Juárez ejerció la Presidencia itinerante. En julio de 1859, con el respaldo del grupo liberal radical, emitió un conjunto de leyes que transformarían la relación entre el Estado y la Iglesia en México: las Leyes de Reforma. Estas leyes decretaron la independencia del Estado respecto de la Iglesia, establecieron el matrimonio civil, crearon el Registro Civil para el control de nacimientos, matrimonios y defunciones, regularon los panteones y cementerios bajo control civil, y, de manera trascendental, nacionalizaron los bienes de la Iglesia, que pasaron a ser propiedad de la nación. Estas reformas sentaron las bases del Estado laico mexicano.
La Guerra de Reforma llegó a su fin con la victoria de las armas liberales. El General Jesús González Ortega, un civil convertido en estratega militar, fue fundamental en este triunfo. Las fuerzas liberales entraron triunfalmente a la Ciudad de México a finales de diciembre de 1860. Mientras tanto, Juárez había prorrogado su mandato presidencial debido a las circunstancias excepcionales de la guerra. Convocó a elecciones y, una vez más, resultó designado para continuar al frente del gobierno de la República, enfrentando ahora los enormes desafíos de la reconstrucción nacional.
Uno de los primeros actos de su nuevo gobierno fue decretar la suspensión de pagos de la deuda extranjera. Esta medida, aunque justificada por la precaria situación económica del país tras años de guerra, provocó la reacción de las potencias europeas. Inglaterra, Francia y España organizaron una expedición conjunta que desembarcó en Veracruz. Si bien Inglaterra y España negociaron y se retiraron, Francia, bajo el gobierno de Napoleón III, tenía ambiciones imperiales en América. Francia quedó sola y en 1862 se inició formalmente la Intervención Francesa.
El ejército francés, considerado uno de los más poderosos del mundo, avanzó hacia el interior del país. Sin embargo, encontraron una resistencia inesperada en Puebla. El 5 de mayo de 1862, el General Ignacio Zaragoza, al mando del ejército mexicano, logró una victoria heroica que detuvo temporalmente el avance invasor. A pesar de este triunfo inicial, la superioridad militar francesa terminó por imponerse. En 1863, tras un largo asedio, la ciudad de Puebla cayó, a pesar de la valiente defensa encabezada por González Ortega. Con el camino a la capital abierto, el 31 de mayo de 1863, Benito Juárez y su gobierno abandonaron la Ciudad de México, iniciando un largo éxodo por el norte del país. Durante este periplo, Juárez, con su gobierno itinerante, encarnó la soberanía de México, negándose a reconocer el efímero Segundo Imperio Mexicano impuesto por los franceses y Maximiliano de Habsburgo.
La situación en Europa, particularmente el ascenso de Prusia, forzó a Francia a retirar sus tropas de México. Esta retirada marcó el inicio de la Restauración de la República. Con el fin del Imperio y la salida de las fuerzas francesas, Juárez y su gobierno pudieron regresar a la Ciudad de México en 1867, restaurando el orden constitucional. Juárez fue reelecto Presidente y tomó posesión el 25 de diciembre de 1867.
Los últimos años de su presidencia fueron igualmente desafiantes. Tuvo que hacer frente a diversas rebeliones que surgieron en distintas partes del país, tanto en el centro como en regiones como Yucatán. En 1871, uno de sus antiguos colaboradores y héroe de la Intervención, Porfirio Díaz, se rebeló contra su gobierno bajo el Plan de la Noria, argumentando la no reelección. Mientras esta rebelión iba perdiendo fuerza y declinando, la salud de Don Benito Juárez se deterioraba.
Fue en este contexto de lucha y reconstrucción que la muerte alcanzó al Benemérito. Don Benito Juárez García falleció el 18 de julio de 1872. Su muerte ocurrió en el Palacio Nacional, en la Ciudad de México, sede del Poder Ejecutivo Federal. Su partida significó el fin de una era marcada por su férrea voluntad y su incansable defensa de la República y las instituciones liberales.
El legado de Benito Juárez perdura hasta nuestros días. Su vida es un ejemplo de perseverancia, patriotismo y compromiso con los principios de la ley y la justicia. Acuñó una de las frases más célebres de la historia de México y con resonancia universal: "El respeto al derecho ajeno, es la paz." Esta frase resume su filosofía política y su visión de un país donde la convivencia pacífica se basa en el reconocimiento y la salvaguarda de los derechos de todos.
Preguntas Frecuentes sobre Benito Juárez
¿Cuándo murió Benito Juárez?
Benito Juárez García falleció el 18 de julio de 1872.
¿Dónde murió Benito Juárez?
Murió en el Palacio Nacional, ubicado en la Ciudad de México.
¿Qué fue la Ley Juárez?
La Ley Juárez, expedida en noviembre de 1855 cuando Benito Juárez era Ministro de Justicia, fue una ley sobre administración de justicia que abolió los fueros militares y eclesiásticos, buscando establecer la igualdad ante la ley.
¿Qué fueron las Leyes de Reforma?
Las Leyes de Reforma fueron un conjunto de decretos emitidos por Benito Juárez en julio de 1859. Incluían la independencia del Estado respecto de la Iglesia, el establecimiento del matrimonio civil y el Registro Civil, la regulación de panteones y cementerios por parte del gobierno, y la nacionalización de los bienes de la Iglesia.
¿Dónde nació Benito Juárez?
Nació en San Pablo Guelatao, en el estado de Oaxaca.
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