09/05/2010
En la historia del periodismo colombiano, pocos nombres resplandecen con tanta fuerza y tragedia como el de Guillermo Cano Isaza. Durante décadas, fue la voz y la dirección de El Espectador, un diario emblemático que, bajo su liderazgo, se atrevió a desafiar a los poderes más oscuros del país, pagando el precio más alto por su compromiso con la verdad y la justicia. Su vida fue un testimonio de integridad y valentía, un faro de principios éticos en tiempos convulsos, y su legado perdura como un recordatorio constante del peligro que enfrentan quienes se atreven a alzar la voz contra la corrupción y la criminalidad organizada.

Nacido en Bogotá el 12 de agosto de 1925, Guillermo Cano Isaza creció en el seno de una familia con profundas raíces en el periodismo y el pensamiento liberal. Esta herencia marcó su camino desde temprana edad. Tras graduarse del Gimnasio Moderno en 1942, se unió a la redacción de El Espectador, el diario propiedad de su familia y el segundo más importante y el más antiguo de Colombia en circulación. Sus inicios fueron variados, demostrando una versatilidad que lo acompañaría toda su carrera. Fue cronista taurino, deportivo, hípico, cultural y político, cubriendo un amplio espectro de la vida nacional con agudeza y estilo.
Su ascenso dentro del periódico fue constante. Fue secretario de dirección, codirector junto a Gabriel Cano, hasta asumir la dirección total en 1950, cargo que desempeñó ininterrumpidamente hasta el día de su asesinato en 1986. Durante sus 36 años al frente de El Espectador, Guillermo Cano no solo dirigió un medio de comunicación; se convirtió en su alma, defendiendo los valores liberales y los principios democráticos que consideraba fundamentales para la sociedad colombiana. Bajo su dirección, el diario se consolidó como una tribuna indispensable para el debate público y la denuncia.
Las Batallas de un Director
La carrera de Guillermo Cano Isaza estuvo marcada por enfrentamientos directos con personalidades poderosas y estructuras de poder que buscaban silenciar las voces críticas. Dos de sus batallas más significativas se libraron en los frentes de la corrupción financiera y el creciente poder del narcotráfico.
Uno de los primeros grandes escándalos que El Espectador, bajo la dirección de Cano, sacó a la luz fue el relacionado con el Grupo Grancolombiano y su líder, Jaime Michelsen Uribe. Cano denunció públicamente los delitos financieros, específicamente los autopréstamos, cometidos por este conglomerado económico. A pesar de que el Grupo Grancolombiano retiró toda su pauta publicitaria del periódico en protesta, Guillermo Cano se mantuvo firme en su denuncia. La valentía de El Espectador contribuyó a que el gobierno nacional finalmente interviniera el Grupo, demostrando el poder del periodismo independiente frente a los intereses económicos.
Sin embargo, la lucha que definiría trágicamente su destino fue la emprendida contra el narcotráfico. En los años 80, a medida que los carteles de la droga consolidaban su poder económico y político, Cano se convirtió en uno de sus más feroces críticos. Su periódico apoyó decididamente la guerra contra el narcotráfico liderada por figuras como el ministro de justicia Rodrigo Lara Bonilla, el senador Luis Carlos Galán y el coronel de la policía Jaime Ramírez, todos ellos figuras que, al igual que Cano, pagarían con sus vidas su lucha.
El Periodista Cara a Cara con el Narcotráfico
La confrontación directa con Pablo Escobar Gaviria comenzó a intensificarse en 1982, cuando Escobar, entonces representante suplente, tomó posesión de su cargo en el Congreso. Tras las denuncias del ministro Lara Bonilla sobre el origen ilícito de la fortuna de Escobar, este intentó desacreditar al ministro con un supuesto cheque proveniente de un narcotraficante. Fue en este contexto que una fuente anónima advirtió al editor judicial de El Espectador, Luis de Castro, que el periódico tenía antecedentes de Escobar relacionados con el narcotráfico.
Guillermo Cano, quien intuía que ya había conocido o tenido alguna referencia previa de Escobar, se sumergió junto a la periodista María Jimena Duzán y otro colega en los desorganizados archivos del diario. La búsqueda dio sus frutos. Encontraron la evidencia crucial: una nota judicial publicada el viernes 11 de junio de 1976 en El Espectador. Esta nota documentaba la captura de seis narcotraficantes en Itagüí, Antioquia, con 39 libras de cocaína. Entre los detenidos figuraban Pablo Escobar Gaviria y su primo Gustavo Gaviria Rivero.
El 25 de agosto de 1983, El Espectador republicó aquella nota de 1976, documentando de manera irrefutable que el congresista Pablo Escobar sí tenía un pasado ligado al narcotráfico. Esta revelación fue un golpe demoledor para las aspiraciones de legitimación de Escobar y tuvo consecuencias inmediatas. Dos meses después, el Congreso le retiró su inmunidad parlamentaria, y un juez, Gustavo Zuluaga Serna, emitió una orden de captura en su contra, sindicándolo del asesinato de los dos agentes del DAS que lo habían capturado en 1976.
A pesar de las amenazas y el peligro creciente, Guillermo Cano no cesó en su empeño de desenmascarar a los narcotraficantes. Utilizó su influyente columna dominical, "Libreta de Apuntes", para denunciar sus actividades y cuestionar la lentitud o ineficacia de la justicia. Un ejemplo destacado fue el artículo titulado "¿Dónde están que no los ven?", donde señalaba directamente a Pablo Escobar y Carlos Lehder, ambos con órdenes de captura pendientes, cuestionando por qué no eran detenidos.
El Último Editorial y el Sacrificio
El compromiso inquebrantable de Cano con la verdad alcanzó su punto álgido con su último editorial, publicado el 17 de diciembre de 1986. Titulado "Se le aguó la fiesta a los mafiosos", el texto era una clara referencia y un espaldarazo a la decisión del presidente Virgilio Barco de reactivar la extradición por vía administrativa. Para los capos del narcotráfico, la extradición a Estados Unidos era la peor de las pesadillas, y la defensa de esta herramienta por parte de Cano selló su sentencia de muerte.
Esa misma noche, el miércoles 17 de diciembre de 1986, a las 7:00 p.m., sicarios al servicio de "Los Priscos", un grupo criminal que operaba bajo las órdenes del Cartel de Medellín, esperaron a Guillermo Cano frente a la sede de El Espectador. Cuando salió en su camioneta Subaru Leone Wagon Vino-tinto, matrícula AG 5000, y realizó un giro en U en la Avenida del Espectador, uno de los asesinos, identificado posteriormente como Jorge Elí Pabón, alias 'El Negro', se acercó al vehículo y le disparó ocho veces en el pecho con una ametralladora.
Guillermo Cano Isaza murió a los 61 años, después de dedicar 44 de ellos al periodismo en El Espectador. Su asesinato no fue un hecho aislado, sino parte de un plan sistemático de los narcotraficantes para silenciar a sus opositores. En 2010, la Fiscalía General de la Nación declaró su crimen como un delito de lesa humanidad, reconociendo que formó parte de un ataque generalizado contra periodistas, líderes políticos y defensores de la extradición. Esta declaración, en teoría, significa que las investigaciones sobre su asesinato no prescribirán.
La Lucha por la Justicia y la Impunidad
El camino hacia la justicia en el caso de Guillermo Cano ha sido largo y frustrante, marcado por la impunidad y más violencia. El 19 de marzo de 1989, el abogado de la familia Cano, Héctor Giraldo Gálvez, fue también asesinado en Bogotá por sicarios del Cartel de Medellín, un claro intento de obstaculizar el proceso judicial.
Nueve años después del asesinato de Cano, en octubre de 1995, un fallo judicial encontró culpables de conspiración a María Ofelia Saldarriaga, Pablo Enrique Zamora, Carlos Martínez Hernández y Luis Carlos Molina Yepes, sentenciándolos a 16 años y 8 meses de cárcel. Sin embargo, en julio de 1996, el Tribunal Superior de Bogotá revocó esta sentencia, absolviendo a todos excepto a Molina Yepes, quien fue el único condenado y capturado en febrero de 1997. La justicia identificó en diferentes momentos a Pablo Escobar, Evaristo Porras, Gonzalo Rodríguez Gacha y el propio Molina Yepes como autores intelectuales.
Con el paso del tiempo y la muerte de Pablo Escobar, surgieron nuevas revelaciones. Sicarios que trabajaron para Escobar, como John Jairo Velásquez Vásquez, alias Popeye, ofrecieron detalles sobre la participación del cartel. Estas revelaciones señalaron a Jorge Elí Pabón, alias 'El Negro', como el autor material del homicidio, ejecutado personalmente por él como máximo jefe sicarial de Escobar en Bogotá. Hubo confusión inicial y un ciudadano de apellido Tobón fue incriminado injustamente, pero finalmente demostró su inocencia. Jorge Pabón, el verdadero asesino según estos testimonios, fue asesinado en 1988.
A pesar de la declaración como crimen de lesa humanidad y las múltiples investigaciones, Luis Carlos Molina Yepes ha sido la única persona que ha respondido judicialmente por el crimen de Guillermo Cano, pagando apenas seis años de cárcel. Durante las investigaciones, doce personas, incluyendo un magistrado, una juez y un abogado de la parte civil, fueron asesinadas, lo que subraya el costo y el peligro de buscar la verdad en este caso. La conexión de Molina Yepes con Carlos Alberto Gaviria Vélez, primo de Pablo Escobar y exasesor presidencial, añadió otra capa de complejidad y controversia al caso.
Preguntas Frecuentes sobre Guillermo Cano
¿Quién fue Guillermo Cano Isaza?
Fue un destacado periodista colombiano, director del periódico El Espectador entre 1950 y 1986. Es recordado por su valentía al denunciar la corrupción y el narcotráfico, lo que finalmente le costó la vida.
¿Qué era El Espectador?
Es uno de los periódicos más importantes y antiguos de Colombia, fundado por la familia Cano. Bajo la dirección de Guillermo Cano, se convirtió en un símbolo de la libertad de prensa y la denuncia.
¿Por qué fue asesinado Guillermo Cano?
Fue asesinado por orden de Pablo Escobar y el Cartel de Medellín debido a sus persistentes denuncias en El Espectador sobre las actividades del narcotráfico y su apoyo a la extradición.
¿Quién ordenó su asesinato?
Según las investigaciones y testimonios, el asesinato fue ordenado por Pablo Escobar y otros capos del Cartel de Medellín, como Evaristo Porras y Gonzalo Rodríguez Gacha. Luis Carlos Molina Yepes fue señalado como uno de los autores intelectuales.
¿Hubo justicia por su crimen?
La búsqueda de justicia ha sido difícil. Solo Luis Carlos Molina Yepes fue condenado y cumplió una pena relativamente corta. Otros señalados como autores intelectuales o materiales murieron o no fueron condenados. El crimen fue declarado de lesa humanidad, pero la impunidad persiste en gran medida.
¿Qué relación tenía Guillermo Cano con Pablo Escobar?
La relación fue de abierta confrontación. Cano, a través de El Espectador, expuso el pasado criminal de Escobar y denunció sus actividades ilícitas, lo que lo convirtió en un objetivo principal para el capo del narcotráfico.
El legado de Guillermo Cano Isaza trasciende su trágico final. Representa el ideal del periodismo comprometido, aquel que no teme señalar al poder, por peligroso que sea. Su sacrificio es un recordatorio de la importancia vital de la libertad de prensa y el alto precio que a menudo pagan quienes la defienden en contextos de violencia y corrupción. Su historia es parte fundamental de la memoria histórica de Colombia y un llamado constante a no olvidar la lucha por la verdad.
Si quieres conocer otros artículos parecidos a Guillermo Cano: Un Legado de Valentía puedes visitar la categoría Radio.
