¿Quién trajo el heavy metal a Argentina?

V8: Pioneros del Heavy Metal Argentino

03/11/2020

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Agosto de 1980. Mientras en la televisión pública un militar habla de “estado espiritual” y “libertad”, en un humilde club de Villa del Parque, un trío desconocido sube al escenario. Cuelga un bajo Faim blanco, la amplificación es “miserable”, y las pocas personas presentes esperan a las bandas principales. Pero lo que suena es distinto, más rápido, más contundente, más agresivo. Es heavy metal. Y quienes lo tocan son V8, la banda que, sin saberlo del todo aún, estaba plantando la primera semilla de un género que definiría la identidad musical de muchos en Argentina. Esta es la historia de su soledad, marginalidad y sordidez.

¿Quién trajo el heavy metal a Argentina?
Gustavo Rowek y Alberto Zamarbide, que para ese entonces eran, respectivamente, baterista y cantante de WC, entablaron relación con Iorio durante la producción de una fecha que se promocionaba como el último show de V8 y que sería fundacional para el heavy metal argentino.

Los Primeros Acordes Pesados

La génesis de este sonido tuvo lugar en el invierno de 1978. Ricardo Iorio y Ricardo “Chofa” Moreno forjaron su amistad en un cine de Santos Lugares, tras ver la película-concierto de Led Zeppelin, "The Song Remains the Same". La función incluía videoclips, y al final, cuando la sala estaba casi vacía, apareció Black Sabbath. Para Iorio y Moreno, que ya habían explorado desde Creedence y Johnny Rivers hasta Spinetta y Sui Generis, fue una revelación. Aunque la etiqueta “heavy metal” aún no se usaba en Argentina, se hablaba de “rock pesado”.

Los gustos de Iorio y Moreno estaban diametralmente opuestos al mainstream de la época. Mientras el single más vendido de 1979 era “Chiquitita” de ABBA y la censura modificaba letras de Rafaela Carrá, el rock local estaba dominado por Serú Girán y Spinetta Jade. En septiembre de 1980, estas bandas llenaban Obras Sanitarias en “El evento musical del año”. V8, en cambio, seguía abriendo shows para bandas más conocidas en salones de barrio, luchando por hacerse escuchar con una propuesta que nadie terminaba de entender.

Un Sonido en Tiempos de Caos

El contexto argentino en 1980 era de profunda confusión. La quiebra del Banco de Intercambio Regional marcaba el fin de la “Plata dulce” y dejaba a miles de ahorristas damnificados. La cúpula militar buscaba auxilio financiero en los lugares más dispares, mientras la inflación superaba el 100% anual y el poder adquisitivo de la clase trabajadora se pulverizaba. Iorio, que ayudaba a su padre a vender verduras, veía de cerca cómo la crisis afectaba la vida cotidiana.

A las víctimas de ese vaciamiento, a quienes también sufrían la represión militar por “portación de rostro” antes que por ideas, les cantaba V8. Su música, su bronca contenida, y su estética eran un reflejo de ese contexto. Iorio, con su pelo largo y gorra militar con el logo de la banda, encarnaba una disidencia particular. Como explicaría años después Alberto Zamarbide, quien se uniría como cantante, fue una propuesta de “dramatización y teatralidad de la aberración y del espanto”, una forma de subvertir la estética militar desde adentro.

La Formación Clásica y el Show Fundacional

Después de un 1981 inestable con cambios de integrantes, 1982, el año de la Guerra de Malvinas, fue crucial. La formación clásica de V8 comenzó a gestarse. Gustavo Rowek y Alberto Zamarbide, entonces en la banda WC, se acercaron a Iorio. Una reunión en casa de Zamarbide, pensada para organizar el que sería el último show de V8, se convirtió en el punto de encuentro. Zapadas con Black Sabbath como común denominador prefiguraron el sonido futuro.

Aunque al show en la sede de Chacarita Juniors, a principios de 1982, asistieron menos de 100 personas, tuvo un carácter iniciático. Osvaldo Civile, guitarrista de Té de Brujas, estaba entre el público y, por recomendación de Chofa Moreno (quien dejaría la banda por problemas de asma), se sumó al grupo. Con Colantonio fuera de la batería, Iorio reclutó a Rowek. La formación clásica estaba lista: Iorio, Zamarbide, Civile y Rowek. Ese, según Zamarbide, fue el primer recital de heavy metal argentino.

El llamado de Iorio a Zamarbide fue directo: “Beto, vos sos el nuevo cantante de V8”. A su regreso de un viaje, la respuesta fue igual de contundente: “Estoy listo”. Zamarbide se adueñó de las letras de Iorio, con temas como “Muy cansado estoy”, “Voy a enloquecer” y “Parcas sangrientas”, que ya formaban parte del repertorio.

Forjando la Identidad Metalera

Encontrar lugares para tocar era una odisea. V8 era una banda marginal. Zamarbide, trabajando en una lavandería, logró conseguir una fecha en el Club Harrods Gath & Chaves a través de una clienta. Fue una “casualidad fortuita” que les permitió presentarse en agosto de 1982, anunciados ya como una banda de heavy metal, teloneando a Dr. Rock. Con amplificadores prestados, tocaron para unas 100 personas, muchas con camperas de cuero: la incipiente tribu metalera.

La subcultura metalera se cocinaba en ensayos y reuniones. Con Iorio como ideólogo, V8 inventaba el ser metalero en Argentina. La información internacional era escasa, las revistas locales despreciaban el género. Revistas como Pelo traducían Black Sabbath como “Bruja Negra” y hablaban de su “onda ocultista” y “cierta inconciencia de la responsabilidad”. Distanciados del rock promedio, los V8 se sentían en un “universo paralelo”.

La estética metalera no era una moda, debían fabricarla. Iorio robaba tachas de bronce de cruces en el cementerio para clavarlas en musleras y camperas. Después llegaron las tachas de bijouterie barata. Vestirse así en la calle significaba terminar detenido por “averiguación de antecedentes”. La relación con la policía era constante y brutal. Rowek y Zamarbide conocieron comisarías de Capital y conurbano. Vivieron episodios extremos, como ser obligados a meter restos humanos en un ataúd en una comisaría. Llegar a un show era, a menudo, lo más difícil.

El Enfrentamiento en el BA Rock

Del conflicto con la policía y su desprecio por la pasividad hippie, el metalero argentino forjó su identidad y su enojo. V8 se bajó del Festival de la Solidaridad Latinoamericana y luego, en noviembre de 1982, llegó el BA Rock. Consiguieron un lugar gracias a la presión de Mundy Epifanio, productor de Riff y V8. Pero V8 seguía siendo marginal en una escena que se creía ecléctica.

Las imágenes del BA Rock son elocuentes. Ricardo Iorio, antes de subir, mira a cámara y dice: “Esto es una mierda, no hay ni para comer, son 10… 15 años de engaños”. Para V8, el festival reconfirmaba el status quo: grupos mainstream, pacifismo pos-Malvinas y una aparente aceptación de la Dictadura. “A 200 metros estaban matando gente y estos estaban meta ‘Amor y Paz’”, recordaba Rowek. Su mensaje era “Ni mansos ni tranquilos”. Se sentían diferentes y así los veían. Esta diferencia se evidenció cuando, tras la fiesta del festival en el Hotel Alvear, los V8 y el baterista Fito Mesina fueron los únicos detenidos.

Antes de subir al escenario del BA Rock el 6 de noviembre de 1982, un ex combatiente de Malvinas se acercó a Iorio y Zamarbide, les dio media medalla de aluminio de las que se entregaban a los familiares de los caídos y los mandó a tocar. El relato de los abusos en las islas alimentó la bronca. Comenzaron con “Destrucción”, tema compuesto por Rowek inspirado en Riot, que se convertiría en el himno del heavy metal. Rowek lo compuso en 15-20 minutos mientras trabajaba. El riff, con su “machaque de guitarra que se mezcla con el armónico”, fue creación de Civile, quien, según Zamarbide, hacía “thrash metal antes de que el thrash metal exista”. Civile perfeccionaría esta técnica en “Torturador” para el disco, logrando el sonido buscado tras que le sacaran una muela.

El show en el BA Rock fue caótico: mal sonido, Civile rompiendo una guitarra, silbidos y naranjazos del público, insultos de Zamarbide, la aparición de Pappo, y la famosa frase de Iorio antes de “Parcas sangrientas”: “Y los hippies que se mueran”. En 20 minutos, V8 se presentó a la sociedad en un choque de desprecio y violencia. Encontraron su lugar en el margen. “No hubo eventos que nos hayan marcado más que Malvinas y el BA Rock”, afirmó Rowek. Fueron una catarsis contra la masa “llevada de las narices” por la manipulación oficial.

La Consolidación de un Mito

1983 fue el año de la consolidación para V8. No tanto en masividad, sino como referentes. El lanzamiento de Luchando por el metal, su primer disco, marcó un hito. Su participación como teloneros de Barón Rojo en Obras Sanitarias, que terminó en un cine de Valentín Alsina con disparos, fue otro mojón clave. V8 se impuso como la banda más importante del género naciente. “El grupo de heavy metal era V8”, aseguró Mundy Epifanio, diferenciándolos de Riff, que hacía “rock pesado con letras punk”. A pesar de las diferencias, representaban la misma estética naciente, y la buena relación se selló con la participación de Pappo en “Hiena de metal”.

Todo lo que siguió, la profesionalización, el crecimiento y las internas, forma parte de una historia posterior. Pero aquellos años iniciales, cuando “no tenés nada, cuando no sos nadie”, fueron, según Rowek, el momento más feliz de la banda.

Preguntas Frecuentes sobre el Heavy Metal Argentino

A continuación, respondemos algunas dudas comunes sobre los inicios del género en Argentina:

  • ¿Quién trajo el heavy metal a Argentina?
    Se considera a la banda V8, liderada inicialmente por Ricardo Iorio y Ricardo "Chofa" Moreno, como la pionera y responsable de introducir y desarrollar el género heavy metal en Argentina a principios de la década de 1980.
  • ¿En qué año surgió el heavy metal en Argentina?
    Aunque las influencias venían de antes, el surgimiento concreto se sitúa alrededor de agosto de 1980, con el primer show en vivo de V8 en el Club Sahores.
  • ¿Cuál es considerado el primer disco de heavy metal argentino?
    El álbum debut de V8, titulado "Luchando por el metal", lanzado en abril de 1983, es ampliamente reconocido como el primer disco de heavy metal de Argentina.
  • ¿Cómo era el contexto social y político cuando apareció V8?
    El contexto era el de la dictadura militar, con una profunda crisis económica, alta inflación y represión. La música y estética de V8 reflejaban la bronca y marginalidad de la época.
  • ¿Quiénes fueron los miembros más representativos de la primera época de V8?
    Los miembros clave de la formación clásica que grabó "Luchando por el metal" fueron Ricardo Iorio (bajo y voz inicial, ideólogo), Alberto Zamarbide (voz), Osvaldo Civile (guitarra) y Gustavo Rowek (batería). Ricardo "Chofa" Moreno fue fundamental en los inicios.

V8 es el sonido de los marginados, lo imperfecto, lo negado. Anti-héroes de la clase obrera, sucios y desprolijos, que decidieron no callar ni esconderse. Eran todo lo opuesto al ideal de “ser derecho y humano” que proclamaba la dictadura. Ellos eran la calle, y le dieron voz al heavy metal en Argentina.

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